samedi 21 avril 2018

128 - Agroecología -7- Agricultura, siempre más verde


AGROECOLOGÍA - AGRICULTURA, SIEMPRE MÁS VERDE


Aunque el gran público, gracias a una amplia exageración de los medios, piensa lo contrario, el acercamiento de la agricultura convencional y de la agricultura ecológica es evidente para quien se interesa verdaderamente por esa cuestión.

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Después de la Segunda Guerra Mundial, la agricultura occidental abusó de la química de síntesis, arrastrando consigo muchos países en desarrollo. No se trataba de una voluntad deliberada de los agricultores, pero más bien un acondicionamiento, y de una fuerte voluntad política. Era la época de la Revolución Verde, llena de buenas intenciones y de conceptos muy básicos y a veces equivocados.
La agricultura era uno de los grandes motores del desarrollo económico. El productivismo estaba al orden de día. Había que alimentar a una población hambrienta de confort y de buena comida después de años de privación. También hacía falta divisas, y en consecuencia exportar, y la agricultura era uno de los ejes más evidentes.
Las necesidades de alimentos y de divisas eran enormes, al igual que también lo era el desconocimiento de los riesgos, al menos a nivel de los usuarios (era la época de todo poderoso DDT, presente hasta en los insecticidas domésticos y en los champús anti-piojos para niños, con el beneplácito de la administración sanitaria). A eso hay que añadir que el nivel de formación de los agricultores era generalmente muy bajo.


Progresivamente, la investigación hizo, y de buena manera, su trabajo, con numerosos descubrimientos, entendiendo cada vez mejor el funcionamiento de los animales, de las plantas, de los suelos, así como de los ecosistemas, y divulgando poco a poco esos nuevos conocimientos.
Total, el progreso estaba en marcha.

En paralelo a esos avances agronómicos, las tecnologías progresaban a un ritmo aún más rápido.  En la época del DDT, no se procedía a analizar los residuos de plaguicidas en los alimentos. Esas técnicas se desarrollaron en los 70s, con los progresos de la electrónica, y de la química. Y el DDT se prohibió a principio de los 70s.
Los primeros equipos de análisis de residuos eran capaces de medir la presencia de una molécula en niveles de 1 mg/kg (1 ppm), o sea 1 gramo de molécula química en 1.000 kilos de alimento.
Algunos productos podían tener plazos de uso antes de recolección de 0 día. Dicho de otra manera, era posible hacer un tratamiento químico, y cosechar la fruta el mismo día. Y con todo eso, los análisis daban ausencia de residuo.
En la actualidad, esos mismo equipos de medición pueden determinar la presencia de una molécula en niveles de 0,001 mg/kg (1 ppb), o sea 1 gramo de molécula química en 1 millón de kilos de alimento, es decir un nivel de precisión 1.000 veces más elevado.
Esas evoluciones técnicas han permitido detectar aberraciones en los usos autorizados, y de manera más general, en las legislaciones.
Todas las legislaciones que afectan a las autorizaciones y los usos de plaguicidas químicos han sido modificadas adecuadamente.


En el mismo tiempo, la medicina, también ha progresado mucho, y ha permitido darse cuenta que algunas prácticas o determinados productos, considerados como inocuos, no lo eran tanto. Es otra fuente de modificaciones en los usos.

También las investigaciones realizadas sobre el medio ambiente, y sobre el impacto de esas mismas prácticas, han permitido medir sus efectos positivos, y sobre todo negativos.

Siguiendo la misma época, la enseñanza agrícola ha progresado enormemente, y el nivel de formación de los agricultores es ahora bueno, al menos en los países industrializados. Con esta formación, vino la reflexión, el razonamiento, la integración de la actividad agrícola en su entorno.

Para terminar, los progresos tecnológicos también han afectados, y de manera muy directa la información, dando acceso a todos los actores de la sociedad, a una inmensa fuente de información.
Por desgracia Internet, verdadera revolución en materia de disponibilidad de informaciones, también se ha convertido en una enorme tribuna en la que cualquiera puede decir cualquier cosa, sin aportar prueba ninguna de lo que afirma, y alcanzando una gran audiencia.

Todos esos progresos realizados en paralelo, pero sin concertación los unos con los otros, han llevado a numerosos cambios en las legislaciones, en las preocupaciones, en los comportamientos.

Sin embargo, a pesar de todos los problemas detectados a posteriori gracias a las evoluciones tecnológicas y científicas, a pesar de la toxicidad verificada de algunos productos de uso común, la esperanza de vida no ha parado de progresar en los países industrializados. La calidad y la diversidad de los alimentos aportaban más que los problemas ocasionados.
Esto no quiere decir que había que no hacer nada, todo lo contrario. Pero hay que relativizar la gravedad de determinados problemas.
También hay que recordar, especialmente en lo que se refiere a contaminación de aguas subterráneas y suelos, que seguimos pagando, hoy todavía, las consecuencias de determinados errores de hace varias décadas. Seguimos encontrando, en algunos suelos, residuos del DDT, más de 40 años después de su prohibición, pero descompuesto en forma de DDE. Harán faltan varias décadas más para que desaparezca del todo.
Es por eso que las evaluaciones actuales son tan estrictas, especialmente referente a la degradación de la moléculas nuevas en los suelos y en el agua.


Para volver al tema del día, todos esos cambios han tenido una serie de consecuencias importantes sobre la agricultura:
-       Los agricultores en la actualidad están bien formados, y se preocupan por su salud, la de los consumidores y por el medio ambiente.
-       Los movimientos ecologistas se han desarrollado de manera importante y, por sus acciones a menudo criticables, han tenido un papel primordial en esta toma de conciencia, ahora generalizada a toda la sociedad.
-       Los gobiernos han tomado la medida de la problemática y han hecho leyes, tanto sobre las autorizaciones de los productos químicos como sobre el control de su uso.
-       El número de moléculas autorizadas ha sido drásticamente reducido, con la eliminación de todos los productos los más peligrosos, y los niveles de residuos autorizados han sido fuertemente revisados a la baja. Actualmente, la legislación europea es la más restrictiva del mundo, con diferencia.
-       Las empresas químicas han radicalmente cambiado sus orientaciones de investigación, para poder responder a esas evoluciones, con el resultado de aparición de productos cada vez más respetuosos con el medio ambiente, el usuario y el consumidor. Hasta las principales empresas mundiales de química, se han lanzado en la investigación de productos ecológicos.
-       La mayoría de los agricultores convencionales integran actualmente en sus métodos y técnicas de producción, elementos, cada vez más numerosos, compatibles con la agricultura ecológica.
-       Sin embargo, algunos puntos no se han solucionado todavía, especialmente en las mediciones del impacto real de los plaguicidas no químicos, autorizados en agricultura ecológica, sobre el medio ambiente, sobre el usuario y sobre el consumidor. Es donde la presión mediática hace mal su trabajo.


En realidad, si miramos de cerca, nos damos cuenta que la agricultura convencional ha seguido una fuerte evolución hacia una producción integrada para los cultivos leñosos (frutales, viña, olivo, cítricos, etc.) y para numerosos cultivos anuales como las hortalizas. Para otros cultivos (cereales, algodón, cultivos forrajeros, etc.), la agricultura de conservación va en la misma dirección. Esos dos métodos y sus variantes han incorporado a las prácticas de cultivo, numerosas técnicas más respetuosas con el medioambiente, han reducido el empleo de plaguicidas y de abonos, las dosis y momentos de aplicación han mejorado mucho gracias a los conocimientos adquiridos sobre biología de los cultivos, de los suelos y del medioambiente. Ver por ejemplo http://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/11/32-metodos-de-produccion-4-produccion.html)

En el mismo periodo, la agricultura ecológica también ha evolucionado, especialmente gracias a la llegada de nuevas soluciones a los problemas sanitarios y nutricionales de los cultivos. Hay que reconocer que las investigaciones, privadas o públicas sobre las técnicas de protección fitosanitaria y los plaguicidas no químicos son numerosas.

La protección de los cultivos sigue siendo un reto esencial para el agricultor, sea cual sea el método de producción. Es que la rentabilidad del cultivo es la principal preocupación del agricultor que es, ante todo, un empresario cuya actividad no solo debe ser rentable, sino que además tienen que generar unos ingresos suficientes para el mismo, a fin de permitirle vivir dignamente con su familia.

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En realidad el acercamiento de esas dos grandes corrientes es rápido, e inevitable. No creo que se llegue a una fusión, ya que la agricultura ecológica rechaza algunas orientaciones, como las biotecnologías, aunque sean probablemente la vía más directa y rápida hacia una desaparición de la necesidad de uso de plaguicidas, sean químicos, o no químicos.

La producción ecológica está tiende a quedarse estancada en la evolución de sus técnicas (excepto en la protección fitosanitaria), conserva numerosas zonas de opacidad (sobre todo en su comunicación), y sobrevive con numerosos problemas actualmente sin solución, gracias a la autorización de uso de algunos plaguicidas sintéticos, en condiciones controladas. Las ayudas públicas, claramente más elevadas en ecológico que en convencional, participan en su desarrollo. Pero se industrializa por necesidad, para poder responder a la demanda de un mercado cada vez más dominado por los supermercados.
La producción convencional se está reformando en profundidad, se hace cada día más respetuosa con el medio ambiente, los suelos, los acuíferos, y también con los consumidores. Total, se está haciendo cada vez más verde.
El consumidor, tan cortejado por todo el mundo, y ampliamente  intoxicado por una desinformación políticamente correcta y cuidadosamente orquestada, terminara perdido. Algunas señas muestran que le cuesta cada vez más ver la diferencia.

Y no es del gusto de todos.
Porque ¿quién, entre los numerosos aprovechados del ecológico, desean de verdad que la agricultura ecológica coja una gran amplitud? ¿Quién desea este acercamiento y la casi-desaparición de las diferencias?
Sería la muerte de la gallina de los huevos de oro.
¿No podría ser esto uno de los principales motivos de los ataques cada vez más numerosos y cada vez más virulentos en contra de la agricultura convencional?
¿Quién sabe?

Es una visión a corto plazo, pero mientras tanto, los beneficios acumulados serán aún mejores, tanto económicamente, como políticamente hablando.

Si los intereses particulares y políticos no tomasen la prioridad sobre el interés público, deberíamos en realidad, asistir a una colaboración entre las dos tendencias. No obstante, la realidad es que asistimos a un enfrentamiento.

¿Quién se beneficia del crimen, por así decirlo?
Lo cierto es que no es ni el agricultor, ni el consumidor.